Museo historica de la Colonia de Humboldt ,Merceditas… “ La Cedi” Más allá del mito Evocamos su recuerdo a través de las letras AUTORA/ Norma María Inés Galiana

Merceditas… “ La Cedi”
Más allá del mito
Evocamos su recuerdo a través de las letras

MERCEDES MARGARITA STRICKLER –KAHLOW
(1916-2001)
DE PUEBLO EN PUEBLO/ Antología de una Provincia que escribe
El último adiós a su musa
AUTORA/ Norma María Inés Galiana
Reside en Pilar. Participante del Taller Literario “Pájaros del alma” Biblioteca Popular de Pilar, Santa Fe.
Llegó a Humboldt un día de enero en su buick tourer, resplandeciente, recién sacada de la concesionaria. Saludó a todos en el Hotel “El Palenque” con su voz melodiosa, luego bajó la guitarra, su fiel compañera. Realmente era una persona sutil, elegante y muy correcta con la apariencia de un dandi. El pelo negro peinado a la gomina; lucía un traje oscuro, camisa blanca, corbata y unos zapatos de charol también negros impecables que brillaban al sol. Enseguida comenzó a hablar con los dueños sobre el motivo de su viaje, su reciente viudez; las perspectivas que tenía sobre su futuro y la hora aproximada de su visita dispuesta al campo. A las tres de la tarde subió nuevamente al auto y saludó a todos lleno de entusiasmo, sin dejar de mencionar que ese día se jugaba su futuro.
Según contó más tarde, llegó a la casa de Merceditas, justo a la hora en que ella y sus padres se hallaban en plena tarea del tambo. Imagínense como la encontró, aunque por respeto no hizo mención alguna. Los padres los autorizaron para que se trasladaran a la casa y así poder intercambiar ideas. Él, muy enamorado, le presentó la nueva canción que había escrito para ella “La pastorcita de las flores”, le propuso nuevamente casamiento y vida en común en su departamento de Buenos Aires.
Entre congoja y llanto de la dama, recibió un rotundo no como respuesta. No hubo promesas y súplicas que la conmovieran, alegando que no podía dejar solos a sus padres, ya grandes, en medio del campo y que no deseaba alejarse de un pueblo natal.
Era media tarde cuando regresó al hotel y según Elba, mi amiga, muy deprimida por los resultados negativos de su visita, decidió trasladarse a la Capital al día siguiente. Según lo que le contara Cedi a mamá, Sixto siguió su vida junto a su hermana soltera en su departamento, seguramente ansiando y soñando tener a su amada junto a él y pensando tal vez que la vida siempre podría volver a comenzar. No hubo un día que pudiera olvidar a Merceditas y sufrió intensamente con ese alejamiento.
A ella le ocurrió lo mismo. Recordaba siempre su perfume, caricias, palabras románticas y al escuchar en la radio la canción que le había dedicado, el dolor frente a lo que no pudo ser, recrudecería.
Los fue salvando del olvido la relación epistolar mantenida con frecuencia y cuando él se entero de la mala situación económica por la que ella atravesaba, no dudó en prestarle su ayuda, cosa que nuevamente rechazó; entonces sin más, comenzó a enviarle mes a mes los derechos de autor de la canción que inmortalizara y de la cual fue su musa inspiradora.
Un domingo por la tarde, después de varios años fui a visitarla en compañía de mi madre a su humilde casa en medio del campo. Nos recibió con inmensa alegría, deseosa de obsequiaros recuerdos de su niñez, adolescencia y a mamá la partitura de a última canción escrita y firmada por Sixto Ríos que por falta de música quedó en el anonimato.
Después de una tarde de charlas y recuerdos nos alejamos de la casa plagada de gatos y perros, pensando en la congoja de esta mujer. Su vida solitaria y malograda, con la falta de sus padres, su única hermana y sin el amor y compañía de un hombre que compartiera sus días, convencidas de que no hay desamor en quienes conservan su caudal de cariño.
AUTORA/ Norma María Inés Galiana
Reside en Pilar. Participante del Taller Literario “Pájaros del alma” Biblioteca Popular de Pilar, Santa Fe.